El mundo actual desprecia los mitos y se envanece de vivir racionalmente sin darse cuenta de que hoy como ayer toda nuestra vida está regida por el corazón.
Pepcastelló [15.10.2006]
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=24954
Vivimos de ensueños. La mente
humana genera sin parar ensueños que luego hacemos realidad con nuestro propio
esfuerzo. Intuimos paraísos que perseguimos con mayor o menor tesón en la
medida de las propias posibilidades, aun sin ser conscientes de ello las más de
las veces, y compartimos esos ensueños con quienes forman nuestro entorno por
medio de símbolos y narraciones más o menos explicitas que dan lugar a lo que
denominamos mitos.
Los mitos son la expresión verbal
de intuiciones profundas de la mente que señalan sendas por las que caminar la
vida tanto individual como colectivamente. No son pues leyendas o narraciones
fantasiosas, historias falsas, como suelen decir algunos diccionarios, sino
sabiduría surgida de lo hondo del alma. Cierto que las narraciones mediante las
cuales se expresa el mito son productos culturales, como lo son las obras
literarias y artísticas en general, pero la esencia del mito así expresado no
está en la narración que nos llega sino en lo que la subyace. El mito no es el
relato fantasioso que sirve para expresarlo sino el mensaje que transmite. No
es lo que nos cuenta sino lo que nos da a entender.
Ningún ser humano escapa a la
influencia del mito, pues vivimos a su impulso. El sistema del que formamos
parte está plagado de ellos y, queramos o no, los recogemos y los incrustamos
en nuestra mente hasta hacerlos patrón y guía de nuestra propia vida. Podemos y
aun debemos reflexionar sobre los actos a los cuales esa mitología nos impulsa
y obrar en consecuencia con nuestras reflexiones, personales o colectivas,
modificando así el significado del mito, pero es inútil tratar de suprimirlo en
aras de la racionalidad porque es imposible vivir sin mitos. Cuando un mito
cae, otro ocupa inmediatamente su lugar, o tal vez el mismo bajo la forma de
una nueva narración más acorde con el pensamiento actual, pero esa
actualización exige que la sometamos también a reflexión si no queremos correr
el riesgo de que nos arrastre hacia el abismo.
Tratar de explicar un mito
mediante un discurso racional es limitarlo, es someterlo a la estrechez de una
concepción intelectual previa, y en cierto sentido es apropiárselo. El discurso
racional y el mito parten de parámetros distintos y ocupan distintas zonas del
cerebro. En lenguaje llano podríamos decir que el mito está más en el corazón
que en la cabeza. De ahí que sea fácil de manipular por los poderes terrenales,
quienes desde los tiempos más remotos se han valido de la poderosa carga
emocional de los mitos para controlar a su conveniencia las mentes del pueblo.
Con nefastos resultados a la larga, todo hay que decirlo, ya que al anclar los
significados del mito con discursos racionales se ha acabado desviando las
primigenias intuiciones en leyendas absurdas que con el paso del tiempo acaban
no siendo creídas por nadie porque entran en contradicción con la evolución del
conocimiento humano.
Tal vez sea ese reduccionismo
racional lo que podría explicar la caída en picado de realizaciones sociales
que en su principio estaban inspiradas en primitivos mitos, tales como el
cristianismo y el comunismo. El héroe que lucha, sufre y muere para liberar a
su pueblo y que luego vuelve a resucitar triunfante no puede sobrevivir cuando
es aprisionado por una idea imperialista de dominio, y ahí se estrella el mito.
No es contra la razón que se desvanece el poder seductor de ese noble deseo,
sino contra la maldad de quienes de el se apropiaron.
La maldad humana ha destrozado
infinidad de bellas ilusiones, entre ellas los más hermosos mitos portadores de
sentimientos de amor y libertad. No es el discurso racional lo que invalida los
mitos, pues estos no son verdaderos o falsos porque lo diga el raciocinio sino
porque nos guíen o no por caminos de justicia, convivencia y paz. Que nadie se
engañe: no es el mito lo que hay que combatir sino las instituciones humanas
que preñadas de maldad lo secuestran y lo instrumentalizan.
Pepcastelló [15.10.2006]
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=24954
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